Tenemos tanto miedo de enfrentarnos a la realidad que nos cubrimos los ojos con un suave pañuelo de seda frente a lo que no queremos ver. Otras veces nos hacemos los sordos cuando nos dicen la verdad a la cara o fingimos estar mudos cuando no nos quedan excusas para lo injustificable. Los humanos somos demasiado estúpidos para darnos cuenta que lo mejor es ver, escuchar y hablar.
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