El decir adiós.

La maleta estaba casi lista. Llevaba todo lo que creía necesario. Vestidos, camisetas, pantalones, faldas, camisas, shorts, chaquetas, chándales, sudaderas, leggings, abrigos, pulseras, playeros, unas chanclas, sandalias, zapatos, unas cómodas converse, ropa interior, cepillo de dientes, pasta, peine, desodorante, rizador de pestañas, lápiz de ojos, maquillaje, sombras, colorete, champú, gel, esponja, cacao, perfume... Incluso había metido un par de revistas, la plancha para el pelo, cámara, toda clase de cargadores para todos los dispositivos electrónicos, libros, su móvil repleto de música. 
Todo lo necesario para adentrarse en un viaje que nunca olvidaría. 
Lo llevaba todo, todo excepto a él. 

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